Somos el distrito de Aguablanca

Taller de creación de videocartas utilizando dispositivos móviles.

Somos el Distrito de Aguablanca fue el primer momento de proyecto. Inicialmente se planteó la hoja de ruta de lo que serían las sesiones y como es habitual, hubo espacio para la presentación de cada uno de los asistentes. Participaron de manera constante los grados octavo y noveno del colegio Santa Cruz y el grupo del adulto mayor Daniel Gillard. Ambos grupos se ubican en el área de influencia de la Biblioteca Pública Centro Cultural Nuevo Latir, más exactamente en los barrios Alfonso Bonilla Aragón y Lagos I, respectivamente

 

Las cuatro sesiones tuvieron dos componentes. Por un lado hubo un diálogo intergeneracional acerca del nacimiento y consolidación de los barrios que dieron forma al oriente caleño. Todas las mujeres de la tercera edad provenían de otras partes de la geografía nacional, principalmente de la costa pacífica. Ellas y sus familias fueron las pioneras en la construcción de asentamientos, considerados en su momento como “invasiones”. A través de luchas contra la policía, contra los políticos pero también con negociaciones con los dueños de las tierras, con los funcionarios públicos, las señoras del grupo Daniel Gillard forjaron ranchos que se convirtieron en fragmentos de esperanza de un futuro promisorio para sus hijos y nietos. Entre sus recuerdos se encuentran calles sin pavimentar, las peleas en las filas para recoger el agua de pilas y pozos ante la ausencia de un acueducto público, las tradiciones de ese campo al que nunca más regresarían, los primeros brotes de violencia originados en el olvido sistemático del estado, las familias numerosas y una solidaridad entre vecinos que parece poco habitual en estos tiempos. Los estudiantes del colegio Santa Cruz nacieron con muchas comodidades ganadas. A pesar de su corta edad fueron testigos de la rápida llegada de la tecnología digital, el transporte público MIO, los vaivenes de la criminalidad, la construcción de centros comerciales impensables por ser considerada una zona considerada vulnerable, la reducción de la natalidad y un largo etcétera.

 

 

El segundo componente tuvo que ver con la enseñanza de maneras fáciles, rápidas y baratas de realizar audiovisuales para contar cualquier cosa que se quiera contar. Gracias a las charlas entre esas dos generaciones, los asistentes pudieron construir una pequeña historia de su comunidad que sirvió como base para la construcción de cartas fílmicas o videocartas. Dichos videos fueron filmados con los equipos tecnológicos que cada uno de ellos tenía a la mano (celulares con cámara).

 

 

Las videocartas acá presente intentan responder un par de cuestiones: ¿Cómo llegamos al oriente de Cali? ¿Cómo vivimos actualmente en el oriente? Son también testimonios, pequeñas grandes piezas que tienen como único interés aportar a la memoria de una comunidad, que muchas veces conoce más lo que sucede afuera de sus cuadras que a sí mismas.

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